"Es una casa muy grande", pensó.
Estaba frente a esta casona color rojo vivo. Le gustaba, aunque desentonaba con el ambiente.
Consideró entrar, ya que no había nadie, y aunque no lo crean estaba seguro que no aparecería ningún asesino y que ese día no sería una pelicula de terror.
En fin, entró. La casa era magnifica por dentro tanto como lo era por fuera. Se olía un peculiar olor a "hogar". Se sentía muy cómodo allí dentro y la curiosidad le carcomía las neuronas.
El Hall era grandioso, con una escalera muy ancha por la cual podian subir veinte personas al mismo tiempo.
Él, que estaba solo, comenzó a subir la escalera. Por cada escalón que pisaba su emoción aumentaba sin saber muy bien por que.
Entro por la puerta más grande, ya que como a todos, lo más grande es lo que más nos impresiona.
Allí habían varios objetos, cada uno brillaba por su propia razón de ser, por su historia. Una flor naranja, un collar de marciano, una hoja de papel que decía "te amo".
Siguió revolviendo, con sólo tocar un objeto cada historia se reflejaba en sus ojos, abrazandolo con un sentimiento indescriptible.
Un bebé de juguete, una armonica, un gorro de paja, un cuaderno viejo, una foto...
El cuarto tenía el resplandor que hace brillar los ojos de los niños, la inocencia.
Se fue del cuarto, llevandose con él cierta nostalgia ajena.
Entro por la segunda puerta de color azul francia, y allí el ruido era increible, voces y risas se mezclaban sin parar. Abriendose paso por unas butacas de color verde, vio una televisión y una videocasetera con una pila de videos arriba. Agarró el primero que vio, apago la luz y con eso el ruido cesó.
La pelicula comenzó.
Una pelicula con una tonalidad naranja inconfundible, te llenaba de alegría y de esperanza tipica de la adolescencia.
Vió mil y un rostros. En shoppings, en clases, en bailes. Escuchó música de todos los tipos, y aprendió que la protagonista también había aprendido mucho.
Sintió los nervios del primer amor, y el desamor de la soledad. Se empapó de las lágrimas de ella y rió junto su risa.
Los puños se le cerraron por las tensiones y enojos por los que ella pasó.
Y la pelicula no termino, todavía no termina.
Él dejó la videocasetera encendida y se retiró suavemente de la sala de cine.
Había una puerta cerrada con candado titulada "Lo que viene", se quedó pensativo mirando aquella puerta, y tocó el pestillo para tratar de abrirla.
El tacto del pestillo le hizo saber los sueños de ella, sus esperanzas, sus metas y sus razones.
Se alejó rapidamente de la puerta.
Antes de bajar por la escalera, decidió entrar a una habitación más. El color de la puerta cambiaba según la persona que lo miraba, y eso la hacía absolutamente hermosa.
Dentro, estaba repleto de pinturas y fotos. Era el cuarto de los amores.
Se detuvo a ver cada uno de los cuadros que allí habian, se sentia extraño. Recuerda, hasta el día de hoy, algunos en particular.
Un chico de ojos verdes, mirada soberbia y sonrisa alegre. Un chico de ojos grandes e ingenuos, mirada dulce pero traicionera. Otro, con una sonrisa capaz de iluminar el mundo entero.
En un rincón se encontraban algunos lienzos sin pintar, y rollos de maquina sin usar.
Al salir de la habitación, y más aún al bajar la escalera, se había dado cuenta que en el mismo momento que vió aquella casona color rojo vivo, se había enamorado de ella.
Tengo una sola palabra: STUNNING.
ResponderEliminarTe fuiste demasiado al carajo, sabes que? me gusto tanto que lo voy a imprimir y a gusrdarlo para dentro de mucho encontrarlo y leerlo